¡Buenas chamaquitos y chamaquitas! ✨
Seguro que te ha pasado: tienes clase por la mañana, luego un café con amigas, y de repente… plan de noche. Y claro, no siempre hay tiempo (ni ganas) de empezar el maquillaje desde cero. Por eso hoy queremos hablarte de algo básico pero súper útil: cómo adaptar tu maquillaje de día al de noche sin complicarte la vida y sin tener que volver a empezar desde 0 el maquillaje.
Aquí también entra algo que a veces pasamos por alto: la colorimetría. No todos los tonos nos favorecen igual, y encontrar los que van contigo puede cambiarlo todo. Por ejemplo, si tienes subtono cálido, los tonos melocotón, dorados o marrones te van a favorecer un montón; si eres más de subtono frío, los rosados, malvas o tonos más grisáceos pueden ser tus mejores aliados. No es una regla estricta, pero sí una guía que puede ayudarte a verte mejor sin saber muy bien por qué.
Pero llega la noche… y ahí ya cambia el mood. Apetece algo más intenso, más marcado, más tú en versión “extra”. Aquí puedes subir el nivel: añadir un delineado más potente, intensificar las sombras (un marrón oscuro o incluso negro nunca falla), iluminar un poco más la piel y, si te animas, apostar por un labial más llamativo. Es el momento de jugar, de probar, de salir un poco de lo básico.
También puedes aprovechar lo que sabes de colorimetría para arriesgar un poco más: probar sombras que resalten el color de tus ojos o labiales que contrasten con tu tono de piel. Muchas veces, ese “wow” del maquillaje viene justo de elegir el color adecuado. Recuerda que los looks de noche son más cargados y si añades un delineador negro 10 de 10.
Lo mejor de todo es que no hace falta borrar todo lo anterior. Muchas veces, con pequeños cambios puedes transformar completamente tu look: retocas la base, añades sombra más oscura encima de la que ya llevabas, marcas un poco más el eyeliner y cambias el labial… y listo. En pocos minutos estás preparada para cualquier plan.
También te voy dejar algún que otro maquiconsejo sobre productos y forma de aplicar maquillaje, porque sí, usar lo correcto y saber cómo aplicarlo marca muchísimo la diferencia (aunque a veces no lo parezca).
1. Menos cantidad siempre es mejor. Es mucho más fácil añadir producto poco a poco que intentar arreglar un exceso. Esto pasa mucho con la base y el corrector: si te pasas, se nota más y puede quedar pesado. En cambio, aplicando en capas finitas consigues un acabado mucho más natural.
2. Difuminar bien es TODO. Puedes tener los mejores productos del mundo, pero si no están bien integrados en la piel, el resultado no va a ser el mismo. Tómate unos segundos más en difuminar sombras, colorete o contorno, y se nota muchísimo el cambio.
3. MOJAR siempre la esponja, parece un tontería pero pocas personas lo hacen... si no la mojas, absorbe más maquillaje y puede llegar a dejar parchas... NUESTRA PEOR PESADILLA.
4. La luz importa. No es lo mismo maquillarte con luz natural que con la luz del baño. Si puedes, échate un vistazo cerca de una ventana o con buena iluminación antes de salir, porque lo que en casa se ve bien… a veces en la calle cambia bastante.
5.. Encuentra tus básicos. No necesitas mil productos, sino unos pocos que realmente te funcionen y con los que te sientas cómoda. Ese corrector que nunca falla, esa máscara de pestañas que siempre te salva o ese labial que sabes que te queda bien pase lo que pase.
6. Te dejo por aquí productos de maquillaje que SI merecen la pena comprar, recuerda la colorimetría si eres más amarrillo o rosa. https://vm.tiktok.com/ZNRqUfj8X/
Al final, el maquillaje no va de reglas ni de hacerlo perfecto. Va de sentirte bien, cómoda y guapa a tu manera, tanto en una clase a primera hora como en una noche improvisada. Porque si algo tenemos claro es que en la uni, los planes cambian… pero tu maquillaje puede adaptarse contigo.
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